Luis Calderón, director de ‘La Casa del Árbol’, cuenta a ‘Público’ cómo el negocio dificulta en ocasiones la creación y apuesta por que se den oportunidades a creadores con la cartera vacía.

Estrenar en salas de cine una opera prima es una auténtica odisea. Esto es algo que el próximo mes de marzo hará, asegura a Público, el sevillano Luis Calderón, de 32 años de edad, con el filme La Casa del Árbol, premiado en el Horror Fest International en Utah, en el Fourth Circle of Hell en Catacombs Los Angeles y en el Festival Internacional de Cine de Hellín en Albacete, y la única propuesta de terror seleccionada en el pasado festival de cine de Sevilla. “Estamos descubriendo ahora lo que es la industria“, afirma el director y productor en una entrevista con Público.
“Ahora que nos adentramos [en el negocio] nos damos cuenta de algunas fallas. El cine debería ser para que lo pudieran hacer todos. Casi por definición es un arte que puede entenderse como un poco clasista, porque hacer una peli es algo muy difícil y que necesita mucho dinero. No todos los directores están ahora haciendo películas. Muchos están poniendo hamburguesas porque no han podido dedicarse al 100% a un objetivo como hacer una película. La vida está muy cara y antes de crear hay que trabajar para tener una casa o comer, por tanto hay que priorizar y no todo el mundo puede priorizar el cine”, reflexiona.
En su productora, La Barbería Films, Calderón, junto a María Rivera, la productora ejecutiva, promueve un sello para poner en práctica su idea de que el cine sea accesible para los creadores, bajo la categoría pxxr cinema, que se lee poor cinema, en inglés, cine pobre. La idea podría resumirse como producir pelis a gente de menos de 35 años, que no haya podido accedido a una educación “cara”
“Es un sello —explica Calderón— dentro de la productora. Intenta ser un manifiesto provocador y alegre, con el que intentamos producir películas a directores y directoras que no tienen recursos para hacerlo. Tratamos de poner una serie de normas y de lanzar una pequeña provocación para que se noten algunas fallas del sistema cinematográfico”.
El próximo proyecto es Noche de amor desesperada, con Antón Bonilla y Jesús Pascual, autor del documental sobre la Semana Santa de Sevilla llamado Dolores Guapa, disponible en Filmin.
“Existe un espectro de jovenes que no han estudiado en esas escuelas y tienen grandes ideas. Hay que plantear la financiación del cine en España”, afirma Calderón a Público. “La cantera es importante. No puede ser que los directores empiecen a dirigir con 40 años”, apunta.
“Las ayudas deberían ser más inclusivas para que las productoras más pequeñas puedan acceder a ellas y los incentivos fiscales deberían igualarse en todas las partes, que ahora hay diferencias importantes por Comunidades Autónomas”, analiza Calderón.
“Otro de los melones es lo que pagan las plataformas. El modelo clásico de exhibición cinematográfica está llegando a su fin y las plataformas han venido para quedarse y tienen que pagar lo que valen las pelis”, agrega.
“Si una peli vale un millón, entiendo que vas a tener una oferta acorde. No hay tantas ventanas disponibles. Esto lo digo sin ánimo de levantar ampollas, sino con el ánimo de que se puedan hacer más películas”, remacha. “Me considero joven, es verdad que me he criado con los multicines, pero creo que ahora es más sencillo conectar con tu público que antes. [La red] te permite conectar con tu nicho, antes era más complicado. [Las plataformas] son ventanas positivas. A mí me gusta poder hacer cine para plataformas y creo que tiene el mismo valor que el cine de salas, pero existe un modelo de negocio que tiene que ser genial para todos, para productoras y autores también. Tienen que pagar más”, añade Calderón.
Producir La Casa del Árbol, le ha llevado más de un lustro. “Una tercera parte de lo que vale una peli de terror es lo que vale la nuestra”. Una subvención del Gobierno vasco de 120.000 euros y el dinero aportado por La Barbería Films, obtenido de videoclips de músicos de relevancia, como SFDK, Macaco, Pastora Soler y La Chispa y la filmación de eventos, bodas incluidas. “Nos hemos especializado siempre en la publicidad, lo que nos ha permitido tener un colchón para lanzarnos al mundo del cine”, asume Calderón. “También hemos [hecho] muchísimas bodas. Me parece una paradoja que se pueda ganarse la vida a través de eventos y no de hacer cine”, expone.
Así fue el proceso, en palabras del director: “La película surge a finales de 2019, principios de 2020. Estudié Comunicación Audiovisual. Me ha gustado mucho la teoría sobre producción y creación de proyectos. La idea de [fundar] La barbería films era hacer películas, intentarlo. Creamos el guion durante la pandemia. Fue muy importante que se sumara al proyecto alguien como la Mala Rodríguez desde el principio. Para nosotros era muy importante sumar a artistas de otras disciplinas y que tomen en nuestras películas protagonismo. Ha creado una versión del poema Kennamore Street de José María Fonollosa para la película. Cuando La Mala se sumó al proyecto, eso nos sirvió mucho como gancho. Nos sirvió para que otras productoras creyeran en nuestro proyecto”.
“[A partir de ahí] conseguimos que se sumara más gente y rodar en el País Vasco, con nuestra coproductora, Media Attack. También se sumó el Gobierno vasco, que nos dio una ayuda de 120.000 euros y junto con la inversión privada que hicimos nosotros y el incentivo fiscal conseguimos levantar la película“, resume el director.
“Ha sido un proceso —añade— de seis años. Si nos tuviéramos que dedicar enteramente a la ficción, hubiera sido imposible. La gente ha tenido que priorizar su vida a su obra. Hay cargas familiares, hay que vivir, el país está imposible en cuanto a vivienda e inflación. Hemos rodado muchísimos eventos en Sevilla y juntando como hormiguitas, pudimos mi compañero, Luis Piñar y yo, colocar parte del dinero privado que hizo falta para rodar”.
Sobre La Casa del Árbol, un slasher en el argot del cine de terror, su autor afirma: “Creo que el cine de terror es un buen vehículo para transmitir mensajes. Si los directores podemos contribuir a que el mundo sea más empático y la gente acepte al diferente, está bien. El cine es un buen arma para intentar cambiar la sociedad”.
Sobre el proceso de creación, reflexiona Calderón: “El cine es el arte más colectivo que hay. Se crean familias. La casa del árbol ha podido salir a la luz y tener la factura que tiene porque todo el equipo técnico y artístico se ha dejado la piel. Cierto es que también el cine también necesita de brújulas claras a la hora de saber a dónde queremos. Esto siempre suele hacerse mucho antes de que la peli llegue al colectivo. Que en mi caso es un trabajo más solitario con el guion”.
“Al tener un presupuesto limitado —prosigue Calderón—, peleé mucho porque el guion se mantuviese fiel, siempre hay que renunciar a algunas pequeñas escenas por temas de tiempo, pero luché con uñas y dientes porque el fondo de la película y la esencia de la película no cambiara. Con los actores me gusta que sean libres. A veces se improvisan muchas palabras. Esta película tiene un reparto brutal”. El filme está protagonizado por Sandra Escacena, Claudio Portalo, Kandido Uranga, Mala Rodríguez y Apolonia Lapiedra.




